Visión
Visión “Disculpe, puede sonar raro, pero no puedo ver su rostro”. No. No puedo decírselo así. Va a pensar que estoy loco, se irá y Yeni no me lo perdonará. Capaz hasta me desaloja. Angie conversa, exige mi atención. Mi alerta máxima. - Así que Yeni se decidió a alquilarle a usted el apartamento. Está bien, es mejor alguien fijo. Estaba cansada del aplicativo. Ella no se lleva bien con las cosas electrónicas. Además, eso de tener mucha gente diferente llegando y saliendo no es bueno. Los hogares no son solamente paredes, techo y muebles, Fran. Todo lo que rodea a las personas se impregna de ellas, y lo mismo le sucede a quien habita un lugar: lo absorbe, lo incorpora. Por eso el éxito de los hoteles que son idénticos en todo el mundo. La mezcolanza confunde tanto a los lugares como a la gente. Hace daño, salvo que alguien sea un fugitivo, Fran – destella pupilas bajo cejas levantadas. Me toma por sorpresa. “Soy fugitivo, pero de la verdad. Y mi objetivo es just...
Exacto, cada capítulo te lleva a un plano diferente sin perder la continuidad del relato.
ResponderEliminarPienso que ése es el estilo que define tu forma de escribir y por éso es "diferente" la forma en la que escribes.
Espero que la publicación al otro lado del charco sea pronta.
Saludos,
Me vuelven a plantear el dilema: ¿por qué tienen los hombres que demostrarse, ante el mundo, como ganadores o decantar como perdedores? Ya se nota desde el principio que el espíritu y el ánimo del "negrito" es diferente al de su entorno.
ResponderEliminarVictorino se maneja bajo otros parámetros, por nacimiento, o por elección... con los años, esas diferencias se vuelven cada vez más notorias. ¡Pero nadie vence sobre la marcha de la vida misma, a menos que lleve en su esencia intrínseca, ese don de superación! Creo, humildemente, que los 'verdaderos ganadores' ya nacen así: pero si bien pueden destacarse sobre la mediocridad, existen varias formas de saberse -sentirse- 'vencedores'. Quien 'gana', deja atrás a un 'perdedor'. Pero aquellos que 'vencen', lo hacen por sí mismos y por los demás. En un orden superior de prioridades. ¡Y todo vencedor, es así mismo un librador de mil contiendas!
Cuenta una parábola que, -bajo las apariencias superficiales-, sólo uno mismo, puede reconocer su propia valía. Pues todos medimos a los demás, en el mejor de los casos, con nuestra misma medida.
¡Si es generosa, tanto mejor!